Vivir de ilusiones

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Creo que a nadie le sorprenderá que les comente la profunda preocupación que me embarga acerca de los tiempos por los que estamos pasando en nuestra ciudad, nuestro estado, nuestro país y nuestro mundo. Es una preocupación que compartimos muchos, de acuerdo con conversaciones entre amigos, conocidos y familiares. Y es que las noticias que se publican, ya sea en redes sociales, radio, televisión a todos nos motivan a expresar esta preocupación, porque afecta nuestro ambiente, nuestro medio de vida y a nuestra familia. Es muy natural que el tema provoque su discusión

A mí en lo particular, si me permiten comentarlo, más que los tiempos difíciles por los que estamos atravesando, me agobia observar que una parte sustancial de nuestra sociedad, en vez de decidir el unirse para encontrar acciones de solución comunes, parecen haber tomado la decisión de no hacer nada o muy poco al respecto. Pareciera que, o tienen la ilusión que alguien les va a resolver la situación, o simplemente consideran que no hay nada que hacer, quizás por creer que es imposible lograr afectar el curso de los acontecimientos.

Cuando se observan cosas de capital importancia en el comportamiento de nuestra sociedad es fácil llegar a la conclusión de que padecemos una enfermedad social que si se generaliza estaríamos condenando a nuestro pueblo a nunca mejorar. Cosas como:

  1. La historia nos dice que en las elecciones solamente votamos un promedio de la mitad de los inscritos en el Padrón electoral. Eso es una declaración clara de falta de interés. Si nuestro cuerpo viviera solamente sano en su mitad, estaríamos muy cerca de la fosa.
  2. Una sociedad está basada en el cumplimiento de las reglas y las leyes. Cuando se observa en nuestra ciudad lo que puede fácilmente calificarse como caos vial en que vivimos, donde nunca faltan aquellos que se pasan los altos, no respetan los señalamientos de estacionamientos exclusivos para minusválidos, no se respeta el área de peatones en las esquinas, no se respetan señalamientos de no estacionarse en doble o triple fila (incluso hasta en iglesias), es fácil constatar que nuestra sociedad padece del virus social antes mencionado.
  3. En la limpieza se anida el germen del mejoramiento. Muchas áreas de nuestra ciudad muestran una complacencia en vivir con falta de ella.
  4. Etc, etc.

Vivir de ilusiones, creyendo que algún día vendrá alguien a resolvernos los problemas de nuestra ciudad, estado y país, solamente nos califica como ilusos. Si creemos que solamente quejándonos vamos a lograr que nuestra sociedad mejore, igualmente nos estamos colocando en las filas de los ilusos.

Si tenemos la ilusión de que las cosas se resolverán por sí solas, la frustración será el único fruto que resulte. Nadie podrá resolver totalmente la enfermedad social que padecemos. Esperar que las autoridades lo logren, aun queriendo, es sólo una ilusión.

 Es indispensable que como ciudadanos parte del organismo vivo que es nuestra sociedad decidamos no solamente cumplir con las reglas, sino también servir de agentes de ejemplo para otros. SI LA PALABRA CONVENCE, EL EJEMPLO ARRASTRA.

 

Jorge Lomelí Pérez